En Volterra, los Vulturi no castigan con muerte cuando el castigo puede ser eterno.
Tras desafiar a la autoridad vampírica para salvar a Bella Swan, los Cullen creen haber escapado intactos. Alice ha visto el futuro: la familia permanece unida, más fuerte que nunca.
Pero Aro también ha visto ese futuro... y decide corregirlo.
Bella regresa a Forks con sus recuerdos intactos, consciente del mundo vampírico, del peligro y de la eternidad que la rodea. Solo hay una diferencia imposible de explicar: ya no ama a Edward Cullen.
El amor no fue arrancado con violencia, sino desactivado con precisión.
Mientras los Cullen intentan comprender una pérdida que no deja cicatriz visible, Bella aprende a habitar el vacío sin dramatismo, sin urgencia, sin promesas. Y es en ese espacio -silencioso, honesto, libre de hechizos- donde Rosalie Hale comienza a verla por primera vez como una igual.
No como intrusa.
No como rival.
Sino como una mujer que eligió... aun sabiendo el costo.
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