Cuando Wanda Maximoff se alza en las cenizas del antiguo orden ruso, no busca meramente el poder, sino la perfección del control. Su visión es absoluta: una nueva era forjada en la disciplina y el magnetismo ineludible. Pero para moldear el mundo, necesita al arma más letal y escurridiza que jamás haya operado en las sombras.
Natasha Romanoff, la Viuda Negra, ha pasado su vida siendo un instrumento en manos ajenas. El ascenso de Wanda le presenta una elección aterradora: la obediencia ciega a un nuevo amo, o la aniquilación total.
En el corazón de Moscú, su alianza se sella en un pacto de ambición mutua. Natasha se convierte en la sombra fría y calculadora que ejecuta la visión ardiente de Wanda. Juntas, diseñan un estado de vigilancia tan perfecto que la obediencia se convierte en la única lógica posible.
Pero el poder compartido es una cuerda tensa. Entre la sed de adoración de Wanda y la pragmática moralidad de Natasha, se desatan juegos de dominación, misericordia forzada y una intimidad tan cargada que amenaza con consumir la misma paz que luchan por construir.
Desde los pasillos oscuros del Kremlin hasta su santuario alpino, La Catedral de Obsidiana explora hasta dónde están dispuestas a llegar dos mujeres para redefinir la lealtad, el amor y el significado de gobernar un mundo que, sin ellas, estaba destinado al fracaso.
Cuando el control es absoluto, ¿quién controla realmente a quién?
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