Durante el período Sengoku en el año 1569, en un punto desconocido de Japón entre el primer plano y otro, existe el Valle: un conjunto de islas suspendidas sobre un extenso pueblo donde el poder determina el valor de una vida.
Estas islas han estado durante años, solo se conocen unas que otra islas, pero no son las únicas...
Haro y su grupo han crecido dentro de este sistema. No como héroes, sino como otros más.
Tras años de entrenamiento y ascensos, alcanzan el rango Maestro, un nivel que pocos logran, pero que apenas es el más bajo en la jerarquía de largos kilómetros más arriba... y del que casi nadie regresa siendo el mismo.
Pero eso no es punto, ay un ciclo de 1500 años que cayó sobre ellos, y cada cierto periodo de tiempo se mandan a jóvenes selecciones a la libre exploración de islas hasta la eternidad.
Las Islas del Cielo no son solo territorios de exploración, sino campos de conflicto. Cada ascenso expone al grupo a ocupaciones armadas, fuerzas ajenas al Valle y a una voluntad desconocida que controla las alturas prohibidas.
La guerra no siempre es visible; a veces se manifiesta como decisiones imposibles, pérdidas silenciosas o poderes que dejan cicatrices irreversibles.
Mientras avanzan, el pasado de cada uno comienza a pesar, conforme pierdan la cordura.
El control, la ira, la culpa y la inestabilidad emocional se vuelven tan peligrosos como las batallas mismas. Algunos poderes no están hechos para ser usados sin consecuencias.
En un mundo donde subir es un decisión obligatoria y caer es algo definitivo, la superación no es gloriosa: es dolorosa, solitaria y, en muchos casos, destructiva.
La cima no ofrece la victoria absoluta, solo el silencio de lo que ya no queda por conquistar.
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