Beth Knox tiene 17 años y es todo lo que su escuela detesta: callada, seria, antisocial y completamente indiferente a encajar. No sonríe para agradar, no habla por hablar y no finge ser alguien que no es. Eso, en un lugar lleno de risas falsas y miradas crueles, la convierte en un blanco fácil. El bullying es parte de su rutina diaria, no porque haya hecho algo malo, sino porque el silencio siempre incomoda más que el ruido.
Bill Kaulitz es el único que intenta defenderla. No sabe exactamente por qué, pero algo en Beth le dice que no está sola, aunque ella finja lo contrario. Sin embargo, meterse no sale gratis: Bill también termina lastimado, física y emocionalmente, mientras su hermano gemelo Tom observa todo con una mezcla de rabia y desconfianza, intentando defender a su hermano gemelo y amiga junto con sus dos mejores amigos: gustav y georg pero terminan involucrados en el caos y golpes.
Una mañana aparentemente normal, el director convoca a todos los estudiantes a una reunión obligatoria en el gimnasio. Los maestros están allí, demasiado quietos, demasiado atentos... demasiado extraños. Sus miradas no parecen humanas, sus voces suenan vacías, como si repitieran palabras aprendidas de memoria. El ambiente se vuelve pesado, irrespirable. Algo está mal.
Cuando las luces parpadean y las puertas se cierran, la verdad sale a la superficie: los profesores no son personas. Son criaturas deformes, grotescas, imposibles de explicar, escondidas durante años bajo piel humana. Monstruos que han estado observando, esperando... alimentándose del miedo.
Mientras el caos se desata, Beth descubre que su frialdad no es debilidad, sino supervivencia. Y que tal vez, solo tal vez, no fue casualidad que ella siempre se sintiera fuera de lugar en ese infierno disfrazado de escuela.
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