Anne tiene diecisiete años.
Es observadora, sensible, y demasiado empática para su propio bien. Suele justificar a los demás antes que a sí misma, pedir perdón incluso cuando no hizo nada.
Sonríe para evitar conflictos y guarda silencio cuando algo le incomoda. Cree que eso es madurez. En realidad, es miedo a decepcionar.
Tiene una risa escandalosa, una mirada que delata cuando está cansada y un corazón que confía más de lo que debería.
No se considera especial, pero lo es en la forma peligrosa: es el tipo de persona que hace sentir comprendidos a los demás, incluso cuando nadie se toma el tiempo de comprenderla a ella.
Anne no sabe poner límites.
Y eso la convierte en el blanco perfecto.
••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••
Noah tiene dieciocho años y una calma que no pide atención.
Eso es lo que la gente nota.
Eso es lo que la gente se equivoca en interpretar.
Es inteligente, paciente y meticulosamente observador. Habla poco, escucha demasiado y recuerda todo. No necesita controlar de forma evidente; prefiere influir. No levanta la voz. No se altera. Siempre parece razonable, incluso cuando no lo es.
Sabe leer a las personas y adaptarse a lo que necesitan escuchar. Con Anne, es cuidadoso. Protector. Comprensivo. Nunca invade, nunca exige. Espera. Y mientras espera, construye dependencia.
Noah no cree que esté obsesionado. Cree que está cuidando algo frágil.
No entiende el apego como algo que deba cuestionarse, sino como una responsabilidad.
Para él, perder a Anne no es una posibilidad.
Es un error que piensa evitar a cualquier costo.
•••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••
Primer libro de la bilogía Mi tentación.
―No me equivoqué.
―¿De qué hablas?
―Efectivamente, eres como un cupcake.
―¿Pura decoración?
―No exactamente.
―¿Entonces?
―Bonita por fuera, dulce y tierna por dentro.
Dayanna sabe amar como pocos; jamás le han roto el corazón, así que no teme dar todo de sí.
Evan le tiene miedo al amor; las heridas del pasado han sanado, pero ya no quiere más cicatrices.
Cuando sus vidas se cruzan, sus perspectivas acerca del amor cambian. Dayi se da cuenta de que amar a veces duele y Evan de que temer solo lo conduce a la infelicidad. Afortunadamente, dolor e infelicidad no es lo que ellos quieren para sus vidas. Y por eso, con ayuda de amigos y familiares, se atreverán a escribir su propia historia de amor. Una historia que, a pesar de los obstáculos, ellos intentarán relatar de la forma más dulce y divertida. A fin de cuentas, esto lo saben hacer mejor que nadie.