Mihawk aprendió muy joven que la guerra era algo que no solo marcaba un país, definía su vida.
En Vesperia, la guerra se había convertido en tradición. Nadie recordaba el motivo original, solo el odio heredado, afilado generación tras generación por más de cincuenta años. Y cuando el desgaste fue demasiado, los reyes hicieron lo que siempre hacen los hombres con poder: buscaron un sacrificio.
Mihawk fue elegido antes de que pudiera opinar.
Dos príncipes, dos reyes que presionan, dos reinos, una guerra que ha marcado demasiados años y una solución que podría destruir o arreglar todo.