Dicen que la Marca Blanca es un regalo divino. Que aquellos nacidos con ella son elegidos por los dioses para gobernar. En la imponente ciudad de Celantis, los nobles de la Casa Theralis visten túnicas de seda blanca, caminan entre columnas de mármol y banquetes interminables, mientras el pueblo aplaude con miedo en el alma.
Bajo sus pies, entre los restos de una ciudad enterrada por guerras antiguas, respiran los Olvidados. Son los nacidos con la Marca del Olvido, una mancha negra como tinta que se arrastra por la piel como una maldición viva. No tienen derecho a nombres, ni historia, ni muerte digna. Se les arrebata todo al nacer, incluso el recuerdo.
Allí abajo, en la Subciudad, donde los túneles huelen a sangre seca y ceniza, los Olvidados sobreviven como ratas, mientras los Theralis beben vino rojo y se alimentan de cuentos heroicos que nunca vivieron.
Pero no todos han olvidado.
Nyra es uno de los marcados. A diferencia de los demás, su marca es mas visible de lo que quiere. Su marca se expande como la tinta por todo su cuerpo, sube por su costado y acaba en su cuello. A arte de eso su marca le habla. Ve visiones que no le pertenecen, memorias de reyes caídos, hechizos antiguos y un fuego que duerme bajo la piedra. Sabe cosas que nadie debería recordar. Y, en la oscuridad, una verdad empieza a arder: la Marca no es una maldición. Es un legado robado.
La rebelión no nacerá con gritos ni espadas.
Nacerá con un recuerdo.
Y cuando los Olvidados recuerden lo que fueron... los dioses mismos temblarán.
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