Isabella Flemming nunca había sido una niña corriente. Siempre estaba sola, hablaba con sus amigos imaginarios y parecía que su cabeza estaba llena de ideas descabelladas. La cosa no mejoró cuando sus padres descubrieron que su hija podía hacer levitar al perro con tan solo mirarlo.
Entonces, la abandonaron. Isabella pisó su primer y último orfanato con siete años, hasta que una señora, a la que ella consideraba muy mayor como para adoptar una niña, la salvó. Esa mujer era Minerva McGonagall, la cual la dejó a cargo de una familia que no tuvo ningún problema en dar de comer a una persona más, ni en buscarle un hueco en un apretado desván que estaba lleno de cajas y polvo. Los Weasley.
Isabella creció en Ottery St. Catchpole, un pueblito pequeño de Inglaterra en el que estaba su hogar, La Madriguera. No era una casa llena de lujos ni espacio, pero no tardó en hacerse a ella. Al menos, ellos eran buenos con ella y la trataban con cariño. Así que no tardó demasiado en olvidar a sus padres muggles y adentrarse en el gran mundo de la magia.
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