Ryu Takeda no tiene sueños de justicia ni quiere ser el Símbolo de la Paz. Sinceramente, entró a la prestigiosa Academia U.A. porque no tenía nada mejor que hacer con su vida.
Ser un adolescente normal es difícil, pero es casi imposible cuando tu Quirk -el Elemento 115- te convierte en un reactor radiactivo andante capaz de materializar armas de guerra de la nada, sobrevivir a la muerte misma y levantar cadáveres del suelo. Y por si fuera poco, su mente es un campo de batalla compartido con las voces de cuatro guerreros de otra dimensión (un científico alemán sociópata, un marine furioso, un samurái estoico y un ruso borracho) que no se callan nunca.
Mientras la Clase 1-A se esfuerza por aprender a sonreír para las cámaras y dar discursos heroicos, Ryu prefiere dormir en el fondo del salón, limpiar sus cartuchos y ver el mundo arder en silencio. Todo en esa escuela le parece un juego de niños.
Todo, excepto ella.
Kyoka Jiro. La chica de los auriculares. Una rockera de actitud ruda, mirada afilada y poca paciencia que, por alguna extraña razón, ha logrado captar toda su atención. Irónicamente, el Quirk de sonido de ella parece ser lo único capaz de silenciar el caos en la cabeza de Ryu.
Él solo quería pasar el rato y molestar a la chica de los conectores. Pero cuando la Liga de Villanos decida atacar la academia creyendo que se enfrentan a un montón de niños indefensos, descubrirán por las malas que acaban de encerrarse en la misma jaula que un monstruo militar aburrido y con el seguro del arma quitado.
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