En la Universidad de Seoul, Jimin y Jungkook son lo opuesto en todo:
Jimin, elegante, calculador y de palabras afiladas, líder del equipo de debate.
Jungkook, impulsivo, fuerte y de sonrisa desafiante, capitán del equipo de rugby.
Su rivalidad es legendaria. Se evitan en los pasillos, se lanzan miradas que podrían cortar el acero y, cuando hablan, es solo para intercambiar insultos creativos que todos alrededor memorizan.
"Clásico, a Jungkook se te tenía que salir lo pinche nacote, wey." - Jimin, después de que Jungkook arruinara su presentación con un golpe accidental a la mesa que hizo saltar todos los papeles.
"Pues ese pinche naco te va a partir toda tu madre, cabrón." - Jungkook, gruñendo mientras se acerca a Jimin, tan cerca que este puede sentir el calor de su cuerpo y ver el destello peligroso en sus ojos oscuros.
Pero lo que nadie sabe -ni siquiera ellos al principio- es que esa furia es solo la punta del iceberg. Detrás de cada insulto hay una atracción eléctrica que no pueden controlar. Detrás de cada roce casual en el pasillo, hay una chispa que los quema por dentro.
Todo cambia la noche en que, después de una pelea particularmente acalorada, terminan encerrados juntos en la sala de audio visual. La tensión estalla, pero no en golpes... sino en un beso violento, desesperado, que les hace cuestionar todo lo que han sentido.
¿Realmente se odian? ¿O es solo el miedo a admitir que quieren poseerse, dominarse y, finalmente, rendirse el uno al otro?
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