Jisung tiene diecisiete años y una vida silenciosa: escuela, amigos, un departamento vacío que lo espera cada noche. Es tímido, delgado, fácil de ignorar... y fácil de mirar.
Sin darse cuenta, su rutina empieza a dejar de pertenecerle. Los caminos se repiten. Las coincidencias se acumulan. La sensación de estar siendo observado se instala como un peso constante.
Hay personas que no irrumpen, no fuerzan, no tocan. Solo miran. Solo esperan.
Y cuando alguien decide que tu existencia le pertenece, la normalidad se convierte en una trampa de la que no sabes cuándo dejaste de poder escapar.
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