Harry Potter, un chico de diecisiete años, acababa de observar los recuerdos del profesor Snape. Estaba dispuesto a morir por sus amigos. Sin embargo, un pequeño ruido se hizo presente. ¿Estaba realmente solo en aquella oficina?
El pensadero permanecía inmóvil, rodeado de frascos cuidadosamente alineados. La mayoría contenía recuerdos de tonos plateados, suaves y familiares. Aun así, algunos destacaban entre ellos: eran más oscuros, más densos, como si el tiempo los hubiera vuelto pesados.
Harry sintió que no debía permanecer allí por más tiempo, pero la curiosidad pudo más.
Tomó uno de los pequeños frascos. Era de un color carmesí profundo, distinto a cualquier recuerdo que hubiera visto antes. No tenía inscripción alguna, lo cual le resultó extraño; los recuerdos de Dumbledore solían estar etiquetados con precisión. Este no.
Dudó solo un instante antes de destaparlo y verter su contenido en el pensadero. El líquido se mezcló lentamente con la superficie plateada, alterándola apenas, como una mancha imposible de borrar.
Harry respiró hondo y sumergió la cabeza.
Lo que vio, lo que escuchó, fue suficiente para cambiar la perspectiva que tenía de quien había considerado su mentor.
Es mi primera historia, espero que les guste ^^
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