Aldo creció entre balas, órdenes y silencio.
Hijo de un mafioso poderoso, aprendió desde niño que amar era una debilidad y confiar, una sentencia. Su cuerpo grande y su mirada fría intimidan; su voz no pide, manda. En su mundo no hay espacio para la ternura, solo para la supervivencia.
Aarón es todo lo contrario a lo que Aldo debería querer.
Bonito sin esfuerzo, con ojos imposibles de ignorar, pestañas largas y una cintura que parece hecha para ser protegida -o rota-, Aarón vive con una sensibilidad peligrosa en un entorno que devora a los débiles. Donde Aldo es dureza, Aarón es luz. Donde Aldo desconfía, Aarón siente.
El encuentro entre ambos no es un refugio, es una condena.
Porque en el mundo de Aldo, amar significa perder, y Aarón se convierte en el único lugar donde Aldo baja la guardia. El único. El último.
-No eres el amor de mi vida... eres el amor en mi vida.
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