
El sol de la tarde se filtraba entre los rascacielos de Bangkok, bañando de dorado el imponente edificio de cristal y acero que albergaba la sede principal de Sombra Capital, el holding tras el cual Boom Tharatorn operaba un imperio tan legítimo como clandestino. Con solo veintitrés años, Boom no era solo el heredero; era el arquitecto de su propia leyenda. Su nombre susurrado con temor en los bajos fondos y pronunciado con respeto en las altas finanzas.Todos los derechos reservados
1 parte