Todos tenemos una versión de nosotros mismos que preferiríamos borrar.
La mía llevaba tacones demasiado altos para su edad, decisiones demasiado impulsivas. Y una sonrisa que fingía seguridad cuando en realidad estaba completamente perdida.
Cuando llegué a Brooklyn, no era la chica que soy ahora.
Quería encajar.
Quería que alguien me mirara.
Quería sentir que pertenecía a algo.
Y me equivoqué.
Elegí mal a mis amistades. Me convertí en alguien que no reconocía. En una fiesta, entre luces borrosas y música demasiado alta, tomé una decisión que no fue romántica ni especial. Fue torpe. Fue impulsiva. Fue el intento desesperado de sentir algo real.
Ni siquiera recuerdo bien su rostro, ni su nombre.
Al poco tiempo conocì a un chico de nuevo ingreso y nos enamoramos. Cambié. No por él. Por mí. Porque entendí que no quería seguir siendo esa chica, no querìa seguir esa etapa de "bad girl".
Pensé que el pasado se quedaría en Brooklyn, enterrado entre malas decisiones y recuerdos borrosos.
Hasta que viajé a Miami con mi mejor amiga y mi hermana menor, para visitar a su hermano y yo por consecuencia a mi tìo, quien nada màs y nada menos es manager de la agrupación CNCO.
Sol, verano, cámaras, una banda en ascenso... y un chico con una sonrisa peligrosamente familiar.
Algo tengo por seguro y es lo que más me aterra...
es que tal vez aquella versión desastrosa de mí nunca desapareció del todo.
Porque hay errores que no regresan para avergonzarte.
Regresan para preguntarte si ya aprendiste algo.
All Rights Reserved