De día, Park Jimin es solo un adolescente de diecisiete años más entre los pasillos de la secundaria. Silencioso, aplicado, con una facilidad natural para la geografía y la matemática. Sus tardes transcurren entre cuadernos y explicaciones pacientes, dando clases particulares a compañeros que necesitan ayuda. No lo hace por ambición ni reconocimiento: cada billete cuenta cuando se trata de pagar las medicinas de su abuelo. Jimin aprendió temprano que algunas responsabilidades pesan más que los sueños.
Min Yoongi, en cambio, parece encajar a la perfección en lo que todos esperan de él. Líder del equipo de baloncesto de la secundaria de Daegu, admirado y respetado, con una imagen impecable que pocos se atreven a cuestionar. Cuando no entrena, trabaja en la pastelería de su familia entregando pedidos por la ciudad, sosteniendo una reputación construida a base de esfuerzo y silencio. Desde afuera, su vida parece estable. Demasiado correcta. Demasiado controlada.
Dos adolescentes con nombres que pesan.
Dos reputaciones que no pueden permitirse errores.
Y un mismo secreto que solo despierta cuando cae la noche.
Cuando la ciudad se cubre de luces artificiales y el asfalto se vuelve territorio prohibido, Jimin y Yoongi dejan atrás sus identidades diurnas.
En las carreras clandestinas no existen apellidos ni expectativas: solo velocidad, motores rugiendo y decisiones tomadas en segundos. Cascos cerrados, miradas ocultas, corazones acelerados al borde del colapso.
Las apuestas son altas.
Rivales en la pista.
Desconocidos bajo las luces de neón.
Y, sin saberlo, dos fuerzas destinadas a encontrarse.
Porque cuando Jimin y Yoongi coinciden en el mismo juego, no solo compiten por ganar. Juntos se vuelven imposibles de ignorar. Demasiado visibles. Demasiado intensos. Juntos van a dar de qué hablar, dentro y fuera del asfalto.
End Game.
Pareja secundaria: Taekook
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