Durante años, Camila creció entre guitarras apoyadas contra la pared y conversaciones que no entendía del todo. Era la hija del Mono, el fotógrafo, el amigo fiel de una banda que alguna vez lo fue todo.
En esos años, ella fue apenas una presencia recordada con cariño, una nena más entre ensayos y risas. Ellos eran familia... hasta que dejaron de serlo.
Un conflicto, un silencio largo, quince años de distancia. La banda siguio su camino,el Mono desapareció. Y Camila creció lejos de ese mundo que alguna vez fue su hogar.
Cuando el pasado vuelve a reunirse, nada es igual. Las miradas pesan más que los recuerdos, y lo que antes era inocente ahora incomoda. Guido, el más joven de la banda carga con algo que nunca quiso sentir, algo que solo entiende demasiado tarde, cuando Camila ya no es la nena que recuerda, pero tampoco alguien fácil de mirar sin culpa.
Entre lo que fue, lo que no se dijo y lo que nunca debió sentirse, esta historia habla de vínculos que se transforman, de límites borrosos, de silencios que duran años y regresan con más fuerza que nunca.
París no suena igual desde que él llegó.
Los motores rugen como bestias enjauladas bajo la lluvia, rompiendo la calma de la ciudad más romántica del mundo. El asfalto quema. Las luces de neón se reflejan en los charcos, y los paparazzi hacen guardia como lobos hambrientos frente a cada hotel de lujo, cada bar escondido, cada sombra que podría ser él.
Jeon Jungkook. Campeón de automovilismo, arrogante, temido, hermoso en la forma en que lo son las tormentas eléctricas.
Kim Taehyung. Modelo codiciado en las pasarelas más exclusivas de Europa, rostro de campañas millonarias, elegante, intocable, y una belleza que no pedía atención, la exigía.
No deberían haberse conocido.
Y sin embargo, el universo decidió que se miraran.
Solo una mirada.
Un segundo.
Un latido más rápido.
Y desde entonces, nada volvió a frenar.