Prólogo
La primera vez que Abby Rivera vio el océano de La Push, pensó que el mundo sabía guardar secretos.
El cielo estaba cubierto de nubes grises, espesas, como si el sol tuviera miedo de mostrarse.
El mar golpeaba la orilla con una calma engañosa, y el aire olía a sal, a bosque húmedo... a algo antiguo.
Abby ajustó la manta alrededor de Liam, que dormía contra su pecho, ajeno a todo.
Había huido sin mirar atrás.
De palabras que dolían más que los golpes.
De promesas rotas.
De un pasado que ya no podía cargar mientras sostenía a alguien tan pequeño.
-Aquí vamos a estar bien -susurró, más para ella que para él.
La Push no era un lugar que apareciera en postales bonitas. Era silencioso. Reservado. Como si no quisiera ser encontrado. Y, aun así, desde el primer instante, Abby sintió algo extraño... como si el lugar la reconociera.
Liam se movió entre sus brazos, emitiendo un pequeño sonido, y Abby sonrió con cansancio. Tenía apenas unos meses de vida, pero ya era su ancla, su razón para seguir respirando cuando el miedo apretaba demasiado fuerte.
No sabía que aquel pueblo escondía más de lo que mostraba.
No sabía que el bosque la observaba.
No sabía que tres destinos ya habían comenzado a moverse hacia ella.
Mientras caminaba por la playa, sin darse cuenta, cruzó una línea invisible.
Y en algún punto del bosque, algo despertó.