La venganza es un proceso calculado. No nace del impulso, sino de la memoria que no se apaga. Se construye en silencio, con la idea de corregir una falta, pero al avanzar pierde su forma: deja de ser respuesta y se convierte en costumbre. Cuando termina, no repara nada; solo agranda el error hasta volverlo irreversible.
Sunghoon lo entiende, pero su rabia pesa más. La guarda con cuidado, la afila con el tiempo y la transforma en deseo de venganza. Sin embargo, nada sale como lo planeó. Un detalle mínimo se sale de control, algo que no previó. No es un desastre aún, solo un pequeño inconveniente, pero suficiente para recordarle que incluso la venganza más fría puede empezar a torcerse en el momento menos esperado.
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