Manuel siempre fue el guardián de la armonía. Durante décadas, escuchó los secretos de Miguel y Martin, aceptando con dolor que su amor por Miguel era imposible porque este "jamás se fijaría en un hombre". Pero la realidad era una farsa.
En una doble confesión que cambia las reglas del juego, Manuel descubre lo impensable: Miguel ama a Martin, y Martin ama a Miguel. Ambos están aterrorizados por el rechazo; ambos confían ciegamente en Manuel para encontrar consuelo.
Sin embargo, en lugar de actuar como el puente, Manuel se convierte en el muro.
Lleno de una furia gélida por los años perdidos bajo una falsa heterosexualidad, decide que si él no pudo tener a Miguel, nadie lo tendrá. Usando la información como su pieza de ajedrez más peligrosa, Manuel iniciará un sabotaje invisible, manipulando dudas y sembrando desconfianza para que el amor entre sus dos mejores amigos nunca llegue a pronunciarse.
¿Hasta dónde llegarías para reclamar la oportunidad perdida?
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