Eliza Rinaldi no ha logrado desprenderse del recuerdo de un amor que parecía puro, casi celestial. Un ángel que murió... o eso cree. Eduardo es el socio y mano derecha de Hermes Rinaldi, un hombre frío, calculador y despiadado. Obligado a vigilar a la nieta de su jefe, desprecia a la joven con una intensidad que roza el odio. Pero Eliza no tardará en descubrir que el verdadero peligro no vive en las sombras de la hacienda, sino en los ojos del hombre que juró detestarla. Entre mentiras familiares, secretos enterrados y verdades que deforman la moral, Eliza deberá elegir entre aferrarse al recuerdo de un ángel muerto... o rendirse ante un demonio que respira. En la Hacienda Rinaldi nada es inocente. Nada es limpio. Nada es lo que parece. El ángel tiene cuernos y cola. El demonio tiene alas y aureola.
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