Henry nunca llegó a tiempo.
Ni cuando Mark se apagó sin ruido.
Ni cuando Yoru se rompió una y otra vez.
Ni cuando él mismo empezó a odiar la luz de la pantalla y el techo vacío donde solía pegar estrellas que se caían solas.
Entre abrazos que duran lo que un suspiro, besos que se enfrían en segundos y culpas que no se van nunca, Henry intenta sostener lo poco que queda: una familia encontrada, un amor que duele más que cura, y una última estrella que aún guarda en el bolsillo.
Pero el techo sigue vacío.
Y la muerte, cuando llegue, espera que no toque ruidosamente la puerta... solo que entre como si ya conociera la casa, y lo levante en brazos como cuando su madre lo llevaba del sillón a la almohada.
¿Se puede pegar una estrella más cuando ya no queda cinta?
¿O solo queda sentarse en el piso y admirar la que queda, aunque sea diminuta?
Contenido sensible: suicidio, autolesiones, depresión, alcohol, violencia física (pelea), temas de abandono y culpa del sobreviviente.
Existencial / Dolor que no se cura fácil
Clasificación: +18 (por temas maduros y lenguaje crudo)
Siéntate conmigo en la oscuridad.
Solo una estrella más.
Aunque se caiga después.
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