¿A tu vida han llegado momentos malos? ¿De esos momentos en los que parece que ya nada tiene sentido y que el mundo se desvanece bajo tus pies y sientes que no puedes continuar? Seguro que si. A mi también me ha pasado; pero ¿Sabes? No es el final, aunque creas que no puedes más. Hoy me miro en el espejo y no me veo a mí misma. Veo un sinfín de batallas y cicatrices. Y mi reflejo me sonríe. Porque por fin he dejado de huir de mis propios demonios. He aprendido a querer a esa yo interior, a esa pequeña niña que no sabía que pasaría en el futuro. A esa que el miedo la sucumbía. La he abrazado y le he prometido que nunca más volvería a estar sola, por qué me tiene a mi, a ella misma. Se que aún tengo mucho camino por delante. Pero el miedo ya no me paraliza. Y la tristeza ya no es tan pesada. Y aunque el dolor quiere a ratos seguir ahí, ya no me vence. Ya no soy una pequeña oruga, con miedo, que vive aterrada de lo que pueda pasar. Hoy soy una mariposa que no se rinde, y que entiende que cuando acabe la tormenta podrá retomar su vuelo.
More details