Jugada Prohibida
Llegar a la liga profesional debía ser el momento más alto de mi carrera, no el comienzo de mi tortura personal. Jugar para los Denver significa cumplir un sueño, pero también significa compartir vestuario, viajes y celebraciones con la única persona que tiene el poder de desarmarme con una sola mirada: Ilya Rozanov.
Rozanov es una leyenda viva, el Quarterback estrella que todos adoran y el mejor amigo de mi hermano. Para el mundo, él es un titán de cien kilos de músculo y carisma; para mí, es el hombre que, sin saberlo, me hizo cuestionar todo lo que creía saber sobre mí mismo hace cuatro años.
Mantener las distancias era fácil cuando nos separaban cientos de kilómetros. Ahora, tenerlo a centímetros en el campo, escuchando sus bromas pesadas y sintiendo su mano en mi hombro después de cada jugada, es un juego peligroso. Mi prioridad debería ser demostrar que soy más que "el hermano pequeño de una estrella" y sobrevivir a mi año de novato sin cometer errores fatales.
El problema es que el mayor error de novato no lo estoy cometiendo en el hielo, sino en mi cabeza. Porque Rozanov es intocable, es la familia... y, sobre todo, es alguien que nunca jugaría en mi equipo. O eso es lo que me repito antes de que sus ojos se crucen con los míos y me den ganas de arriesgarlo todo por un solo segundo de su atención.