Frankelda nunca experimentó lo que significaba el amor fraternal. Casi nunca tenía contacto con sus diez hermanos, apenas logró conversar con ellos por más de un instante y nunca parecía que entendieran su pasión por la escritura. Esto la llevó a plantearse las mismas dudas a lo largo de gran parte de su vida. ¿Qué se siente el tener un buen hermano?
Quién iba a imaginar que necesitaría viajar a otra dimensión para responder esa incógnita
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