En el umbral entre el cielo y el infierno, el mundo tiembla bajo el peso de una amenaza única: Dean Winchester. Cazador nato, portador de la marca de Caín y poseído por un demonio, tres fuerzas destructivas se fusionan en su ser, convirtiéndolo en un arma perfecta capaz de inclinar el destino hacia la oscuridad o la luz. Cada movimiento suyo es un riesgo, cada decisión un escollo que podría desencadenar el apocalipsis. Pero en el momento en que su ira y su poder alcanzan su punto máximo, una figura luminosa aparece frente a él: Castiel, el ángel del Señor.
-Dean -pronuncia Castiel con un tono suave, cargado de tristeza y esperanza.
-Castiel -responde Dean mientras se colocaba frente a él, agachando la cabeza en un gesto que no pasa desapercibido.
-Castiel, él te muestra sumisión -exclama Sam, sorprendido al ver la postura de su hermano ante el
Dean mira a Castiel con sus ojos oscuros pero llenos de una duda oculta.
-Dean, ¿quién soy para ti? -pregunta Castiel.
El cazador se arrodilla frente al ángel: «Mi mundo, mi ángel, mi ancla». En ese instante, la balanza comienza a moverse, pero nadie sabe hacia dónde.
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