Julián no es un hombre particularmente abierto. Padre "soltero" de Olivia, carga con una tristeza tan silenciosa como constante, como si llevara años aprendiendo a convivir con ella. Tiene su propio consultorio odontológico, una rutina ordenada, y el foco de toda su vida es su hija. Enzo, por otro lado, es todo calor y energía. Tiene una pareja estable, Valentina, y es padre de Benjamín. Junto a su mejor amigo de la infancia, Giuliano, maneja un gimnasio que poco a poco ha ido creciendo en la zona. Su vida parece estar en equilibrio, hasta que una pelea entre su hijo y una compañera de clase lo obliga a asistir a una reunión con los padres de la niña. Ahí lo ve por primera vez. A ese muchacho de los ojos tristes. Y sin saber por qué, algo en él hace clic. ¿Desde cuándo la tristeza se puede volver algo tan atractivo?
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