Sasha está en una relación que se siente vacía. No porque falte alguien a su lado, sino porque falta todo lo demás. Las palabras, el esfuerzo, la presencia real. Amar dejó de ser un acto compartido y se volvió una espera constante.
Anthony, en cambio, ama de sobra. Da todo. Cuida, elige, sostiene. Pero su amor cae en manos equivocadas: alguien que lo hiere, que lo minimiza, que convierte cada gesto sincero en una herida silenciosa.
Ambos creen que están donde deberían estar,
pero ambos están equivocados.
Sin saberlo, llevan años girando en el mismo mundo. Se cruzan en los mismos lugares, respiran el mismo aire, rozan la misma ciudad. Siempre tan cerca. Siempre tan lejos.
Como si algo invisible los mantuviera unidos, pero aún separados, porque no era el momento.
Esta historia no habla de infidelidades, sino de decisiones, no habla de finales abruptos, sino de despertares lentos, habla de esos amores que no llegan a tiempo porque primero tienen que enseñarnos qué no es amor.
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