Avery aprendió muy pronto a vivir con la pérdida.
Desde la muerte de su madre, el mundo dejó de ser amable con ella, pero aun así siguió adelante, sonriendo, resistiendo... y hablando con alguien que sólo ella parecía notar.
Cuando recibe la invitación a la Academia CEVYVA, no siente que sea una oportunidad, sino un error. Su magia es míneme, extraña, inútil. Ella jamás debería poder ir a un lugar así.
Draken Nightlight, en cambio, siempre ha sabido quién es.
Heredero de una e las familias más poderosas de los doce reinos, brillante, arrogante y acostumbrado a que el mundo se rinda ante él, CEVYVA es sólo otro escenario para demostrar su grandeza.
El problema es Avery.
Ella no cae ante su magia. No lo admira. No lo mira con amor ni admiración.
Lo observa como si viera algo que no encajaba.
Y entonces comienzan loa ataques.
Estudiantes aparecen acuchillados en el estómago.
El miedo se filtra entre los pasillos.
Lo que debería ser un lugar seguro empieza a resquebrajarse.
Cuando Avery y Draken presencian lo que nunca debieron ver, se ven obligados a hacer un trato. No por confianza, sino por necesidad. Porque hay cosas que Avery puede hacer... y cosas que sólo Draken parece capaz de entender.
Mientras la sangre se derrama, una voz insiste en guiar a Avery, observándolo todo desde las sombras. Y Draken empieza a preguntarse si la chica que no debería estar allí es, en realidad, la clave de todo.
Algunas magias no nacieron para brillar.
Algunos monstruos no caminan solos.
Y algunas verdades despiertan sólo cuando ya es demasiado tarde.
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