Rebecca detesta a Freen, la guardaespaldas que su padre eligió para ser su esposa y heredar el imperio familiar. Becky traza un plan despiadado: seducir a Freen para enamorarla y luego abandonarla, forzando así su renuncia. Freen resiste cada provocación con una disciplina gélida que desespera a Becky. Sin embargo, en este juego de manipulación y desprecio, la línea entre el odio y el deseo se vuelve peligrosamente delgada. Becky juró arruinarla, pero descubrirá que nadie sale ileso cuando intenta jugar con el corazón de quien nació para protegerla. "Su plan era enamorarla para destruirla. Su error fue caer en su propia trampa".
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