En el Club América Femenil, las reglas son claras: disciplina, entrega y lealtad. Pero para Aylin Aviléz, las reglas están hechas para romperse con estilo. Lo que comenzó como un baile inocente bajo un antifaz de seda negra, se convirtió en una guerra psicológica de mensajes anónimos, pistas falsas y una tensión que amenazaba con desbordarse en cada entrenamiento. Scarlett Camberos, la capitana acostumbrada a tener el control, descubrió que en el juego del amor no importa qué tan rápido corras, si quien te persigue conoce exactamente tu siguiente movimiento.
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