En las profundidades del cosmos, la humanidad ha comenzado a ver demasiado. Lo que al principio parecían descubrimientos científicos -un milímetro de cerebro que contiene un universo, soles que se alimentan de la vida, planetas que abandonan sus órbitas, civilizaciones ocultas dentro de la luz- pronto se convierte en algo más perturbador: evidencia de que la realidad no es un lugar seguro, ni estable, ni nuestro.
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