
Su mente estaba perdida en la desolación, pero su corazón aún mantenía algo de esperanza. Despertó súbitamente con un agudo dolor en su espalda, llevó su mano para sobársela y encontró entonces un pedazo filoso de metal a medio incrustar entre sus costillas del lado izquierdo, a tan solo unos pocos centímetros de no haber despertado nunca. Se levantó como pudo y empezó a caminar arrastrando uno de sus pies que no le respondía, seguro a causa de algún otro golpe o golpiza; él no lo sabía, pues tampoco recordaba de dónde venía ni hacia dónde iba. Oyó pasos firmes que se abrían entre la maleza y gritos de desesperación. Estaban buscando a alguien que se escapó del laboratorio, según lo poco que alcanzó a escuchar. Recordó todo en un segundo. Se escondió, cuerpo a tierra, tuvo que apretar fuerte sus dientes para no dejar escapar el dolor que su sistema nervioso desparramaba por su cuerpo malherido. Nunca lo atraparían vivo, pensaba con ahínco. Se levantó y siguió camino por el lado contrario al de sus captores. Estaba lejos de su casa, extrañaba a su familia, quería volver, regresar a su verdadero hogar. Solo había una sola forma de hacerlo. Tomó con sus manos la punta del hierro que atravesaba su cuerpo y con fuerza lo empujó hacia adentro. Solo bastaron unos pocos segundos y todo acabó. Despertó en su casa, su mujer estaba haciendo de comer, sus hijos jugaban en el patio trasero. Se miró: no tenía marcas ni lastimaduras en su cuerpo. Sonrió y se prometió nunca más volver a jugar con sus vidas paralelas.All Rights Reserved
1 part