El destino no necesita gritar para imponerse; corrige en silencio. Durante años, Harry Potter creyó que las batallas tenían rostro y nombre, que el enemigo siempre empuñaba una varita frente a él, pero nunca imaginó que lo más implacable sería aquello que no sangra ni odia: Auctor Fati, el Autor del Destino, la fuerza antigua que mantiene la historia en el curso "correcto". Y en esa historia, Harry no estaba escrito para amar a Draco Malfoy. No estaba escrito para elegirlo, para tocarlo, mucho menos para crear vida con él. Cuando la magia ancestral de una familia pura permitió lo imposible y un heredero comenzó a latir donde nadie lo había autorizado, el Hilo se tensó con precisión fría: el héroe debía cumplir su papel, el equilibrio debía restaurarse, y si el vínculo persistía, el precio no lo pagarían los amantes, sino el niño. Desde entonces, cada roce se volvió amenaza, cada latido una posible corrección, y aun así eligieron amar, porque hay algo que el destino jamás logra calcular del todo: la obstinación humana de sostener lo que nace incluso cuando el mundo insiste en que no debió existir.
💚
Ningúno de estos personajes me pertenecen.
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