Esta no es la típica historía apocaliptíca, donde monstruos, zombies o amenazas exteriores acaban con la humanidad, los verdaderos monstruos somos nosotros la raza humana, creando y fabricando nuestra propia extinción.
Un cientifico loco desvía un meteorito defectuoso, al caer en la tierra un gas tóxico, pero no mortal se extiende, creando consigo una nueva raza que afecto a miles de mujeres siendo estas mutadas por el virus, convirtiendo su cuerpo en armas biologicas de combate, que pueden ser poseidas por un usuario, a la cual llamaron "Lillians".
Las Lillians, al concebir hijos crearon otra raza, las niñas que nacían de ellas se convertían en sementales tenían la misma capacidad de dar vida al igual que los hombres.
Por la cual fueron vistas como errores de la naturaleza, marginadas desde su nacimiento.
Le meteorito no solo fabrico armas mortales ni niñas sementales, sino genero muerte ambiental, poco a poco el mundo iba apagandose por la avaricia y perversidad humana. Pero no todo podía ser malo.
La historia gira entorno a dos hermanas que se vieron obligadas a sobrevivir en este mundo, Juno y Rhea.
En las ruinas de Shinjuku, el joven hechicero Yuji Itadori se enfrenta al Rey de las Maldiciones, Sukuna, en un combate final y desesperado. Dentro de un dominio onírico y cambiante, la batalla alcanza un clímax brutal donde cada golpe acerca a ambos a la aniquilación. Un engaño revelado y la intervención de aliados le dan a Itadori una oportunidad fugaz contra el poder ancestral de Sukuna. Finalmente, un golpe devastador logra separar al Rey de las Maldiciones de su huésped. Sin embargo, en el silencio posterior a la tormenta, mientras la presencia de Sukuna se desvanece, el destino de Itadori se torna ambiguo, su aliento final mezclándose con el polvo de la devastación, dejando tras de sí la incertidumbre de si su sacrificio fue el final o el preludio de algo más.