Mi País Favorito
La oscuridad en la celda era tan densa que casi podía tocarse, interrumpida únicamente por el goteo constante de una tubería rota que parecía contar los segundos de una agonía eterna, en el centro del frío suelo de concreto, se encontraba Venezuela, aquel que alguna vez fue el joven más radiante de la región, el de los mil ecosistemas y el corazón de oro, ahora no era más que una sombra de sí mismo, lo más doloroso no eran los golpes, sino el estado de sus alas, aquellas plumas que antes brillaban con el amarillo del oro, el azul de sus mares y el rojo de su libertad, ahora yacían esparcidas por el suelo como hojas secas en otoño, estaban arrancadas de raíz, sus alas, antes majestuosas, mostraban fisuras profundas y manchas de sangre seca que daban fe de un maltrato que iba más allá de lo físico.
"Fui demasiado bondadoso...", susurró con la voz rota, abrazando sus rodillas