La primera guardia siempre llega antes de que estés listo.
Catalina pensó que iba a ser como en Cleveland: cansancio, café frío y pacientes tranquilos. Nada que no pudiera manejar.
Pero nadie te enseña lo que pasa en Pittsburgh, cuando las puertas se abren y no se vuelven a cerrar.
Cuando el hospital deja de ser un edificio y se convierte en un campo de batalla.
Esa mañana empezó tranquila.
Demasiado tranquila.
Una tormenta, 15 horas de guardia y mucho caos
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