Hay personas que caminan con cuidado,
como si el mundo pudiera romperse bajo sus pies.
Personas que sonríen bajito,
que hablan suave,
que aprenden a existir sin hacer ruido.
En algún punto de sus días repetidos,
dos caminos se cruzan sin tocarse del todo:
uno lleno de silencios que pesan,
otro de miradas que nunca se quedan.
Todavía no lo saben,
pero el invierno ya está terminando.
Y entre todo lo que duele,
algo pequeño y tibio comienza a florecer.
All Rights Reserved