En su extraña y peculiar forma de pensar, encontré mi primavera. Un clima de contrastes, donde el sol y la lluvia coexisten en perfecta armonía. Así era ella, única e impredecible, como la estación que la vio nacer. Me enamoré de su forma de ver el mundo, de su capacidad para encontrar belleza en las cosas más simples. Ir a la escuela se convirtió en un placer, no por las clases, sino por la posibilidad de verla, de compartir con ella un momento, un pensamiento, una sonrisa.
La primavera es efímera, se desvanece con la llegada del verano, y así fue nuestra felicidad. Un tiempo de calor y luz, de risas y secretos, que se fue tan rápido como llegó. Ahora, en su ausencia, todo parece gris, y me pregunto si la felicidad es así, un momento de éxtasis que se desvanece en el aire, dejando solo recuerdos y un vacío que no se llena.
Persefone, mi primavera, ¿qué tan fácil y rápido te fuiste de mi lado?
All Rights Reserved