Olvídate de las tazas de té y de los finales felices que nos vendieron en los libros de rimas. En Mayfair, el honor es un traje que aprieta demasiado, y los Horan han llegado para desabrocharlo sin pedir permiso.
Mientras los Bridgerton se pasean como si el sol saliera solo para ellos, un carruaje de ébano ha cruzado las puertas de Londres. Vienen de Irlanda, con una fortuna que huele a secretos y un hambre que la aristocracia no sabe cómo saciar. Han traído a Lady Isadora, una joya que muerde, y a su heredero: un hombre que no entiende de protocolos ni de esperas.
Lord Horan no ha venido a bailar. Ha venido a incendiar la temporada y a reclamar el Diamante que todos los demás, en su infinita ceguera, han ignorado.
En el rincón más apartado del baile, Eloise se acercó a Penélope con su cinismo habitual:
-Es casi un insulto, Pen. Hace dos lunas podíamos escondernos en la biblioteca sin que nadie nos notara, y ahora eres el centro de un duelo. Tienes a Colin, mi hermano, ofreciéndote esa "seguridad" de un Bridgerton... y luego está Lord Horan. Colin te mira como si fueras un puerto seguro, pero ese irlandés te mira como si fueras un secreto que piensa profanar en cuanto se cierren las puertas. Mi hermano quiere protegerte del mundo, Pen, pero él parece querer enseñarte por qué este mundo es tan peligrosamente divertido.
Penélope sintió la mirada de Niall desde el otro lado del salón, quemándola. Colin era la calma que siempre quiso, pero Niall era el incendio que la estaba consumiendo.
Un Bridgerton te dará su apellido. Un Horan te dará el fuego que Lady Whistledown jamás se atrevería a publicar.
Elige bien, querido y amado lector: ¿Quieres ser una esposa... o quieres ser una leyenda?
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