Yeonjun siempre fue percibido como alguien imposible de desordenar. Sereno, magnético, dueño de una calma que parecía diseñada para mantener a todos a distancia. Popular sin buscarlo, deseado sin esfuerzo, aprendió pronto que el interés ajeno era algo que podía aceptar sin involucrarse. Miradas, manos, promesas vacías... nada lograba quedarse. El sexo era fácil. Lo difícil -y lo único que evitaba- era sentir.
En la universidad su nombre circulaba entre susurros y experiencias compartidas. Nadie esperaba exclusividad de él. Nadie la obtenía. Yeonjun sabía exactamente cuánto dar para mantener a las personas cerca... y lo suficiente lejos para no perder el control.
Beomgyu, en cambio, era impulso en estado puro. Provocador, ruidoso, peligrosamente consciente del efecto que tenía en otros. No pedía atención: la arrancaba. Su presencia alteraba el aire, cargándolo de una energía inquieta, casi eléctrica. Donde él entraba, los límites se volvían sugerencias. Cada chico que se le insinuaba terminaba en su cama.
Compartir departamento no fue una elección emocional, sino un acuerdo práctico mediado por terceros.
El departamento nunca estuvo vacío. Risas ajenas, cuerpos que entraban y salían, puertas que se cerraban con demasiada intención. Entre terceros, aprendieron a convivir fingiendo indiferencia mientras el ambiente se volvía cada vez más pesado, más íntimo, más imposible de negar.
Beomgyu provocaba porque el silencio lo asfixiaba.
Yeonjun callaba porque sabía que, si hablaba, perdería algo más que el control.
El problema nunca fue el deseo -ese siempre estuvo ahí, latente, evidente, respirándoles en la nuca-
Y esa certeza incómoda de que, incluso estando tan cerca, compartiendo miradas demasiado largas y espacios demasiado pequeños... siempre hubo algo -o alguien- manteniéndolos entre otros.
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ʏᴇᴏɴɢʏᴜ
↳ ʏᴇᴏɴᴊᴜɴ | ᴛᴏᴘ
↳ ʙᴇᴏᴍɢʏᴜ | ʙᴏᴛᴛᴏᴍ
En Celenza, una pequeña ciudad de Italia, la familia Ricci era una de las más poderosas junto a sus socios, hasta que llegó la familia Moretti Russo, con negocios en toda Italia y Rusia.
Alexia Ricci era una joven decidida, con carácter fuerte. Nunca bajaba la cabeza ante nadie y siempre se hacía lo que ella quería. No aceptaba un "no" por respuesta, y eso la hacía única: o la amabas o la odiabas.
Dante Moretti y Nickolas Russo, esposos y empresarios poderosos, estaban acostumbrados a que todos les dijeran que sí. Las personas los respetaban... o los temían.
Pero con Alexia fue diferente. Desde el primer momento se dieron contra la pared. Ella no los obedecía ni se intimidaba por su poder. Eso los desconcertó.
Nickolas se sintió atraído de inmediato. Dante, más frío, desconfiaba por experiencias pasadas, pero al ver a su esposo tan emocionado, decidió observar.
Con el tiempo, Alexia conquistó no solo a Nickolas, sino también al corazón más duro: el de Dante Moretti.