Segunda entrega de la saga: "Flores de Sangre":
La relación entre ellos ya no es un deseo contenido ni una posibilidad latente: es un hecho.
Ella está a su lado. Lo elige. Lo ama.
Y König, después de haber eliminado cada amenaza que se interpusiera en su camino, se siente invencible.
Victorioso.
Pero la guerra exterior fue la parte sencilla.
Ahora comienza algo mucho más complejo.
Porque amar no es poseer.
Porque una relación no se sostiene solo con intensidad.
Y porque ocultar la verdad se vuelve más difícil cuando se comparte la cama, los silencios y los sueños.
Mientras ella se entrega con confianza, él debe aprender a convivir con algo que nunca antes se había permitido: la vulnerabilidad.
Las preguntas inocentes que podrían desmoronar su fachada.
Los momentos cotidianos que exigen honestidad.
El peso de una identidad que no puede revelar sin perderlo todo.
König creyó que el final de la competencia significaba el comienzo de la paz.
Pero pronto descubre que el verdadero desafío no es ganar a alguien... sino merecer quedarse.
El hilo que los une no se tensó en la pasión de una noche.
Apenas comenzó a tejerse.
Y cada decisión, cada mentira piadosa, cada gesto de protección excesiva puede fortalecerlo...
o desgastarlo hasta romperlo.
En esta nueva etapa, el amor deja de ser una obsesión silenciosa y se convierte en un territorio frágil, donde el miedo, la culpa y el deseo conviven bajo el mismo techo.
Porque ahora ya no se trata de conquistarla.
Se trata de conservarla.
Sin que ella descubra todo lo que tuvo que arder para que él pudiera llamarla, finalmente, suya.
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