Han Jisung es un omega de 17 años que creció en un barrio sumergido en la violencia y el maltrato. A temprana edad, la vida le enseñó que el mundo puede ser una mierda y que la justicia es un lujo que no todos pueden costear. Al ser un omega que se desarrolló en un entorno tan hostil, aprendió a valerse por sí mismo desde cachorro.
Es un joven autodidacta y resiliente; domina cuatro idiomas complejos y posee conocimientos de defensa personal que van más allá de lo básico. A pesar de su entorno, agradece seguir siendo menor de edad, tener la oportunidad de estudiar y contar con el apoyo incondicional de su familia y amigos.
Jisung es físicamente impactante: posee una belleza natural con una cintura delgada, muslos gruesos, un gran trasero y una figura envidiable. Sus ojos de bambi, labios rosas y carnosos, y su cabello ondulado lo hacen resaltar, aunque es su humor negro lo que realmente define su personalidad. Lamentablemente, su atractivo ha provocado que, a lo largo de su vida, alfas imbéciles intenten sobrepasarse con él, obligándolo a mantener la guardia siempre en alto.
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Por otro lado está Lee Minho, conocido en el mundo bajo el alias de "Lee Know". Es un alfa de 22 años que, a diferencia de Jisung, creció rodeado de lujos, pero también de amor, respeto y valores sólidos. Criado por una madre alfa y un padre omega, aprendió desde pequeño que los alfas deben ser respetuosos y admirar la belleza de los omegas, especialmente la de aquel que sea su destinado.
Aunque es un hombre frío, arrogante y sumamente arisco, Minho nunca olvida las enseñanzas de sus padres. Hace apenas un año que tomó el mando de la organización, después de que su madre le cediera el puesto de jefe. Hoy es un mafioso temido, multimillonario y una figura de peso en el mundo del narcotráfico
Yamaguchi es muy lindo.
Hinata es tonto, pero adorable.
Tsukishima es... atractivo.
Kageyama es guapo.
Los cuatro chicos de primer año del Karasuno comienzan a sentir cosas entre ellos.
No saben si eso es amistad, amor o solo los nervios de jugar en la cancha.
Pero cada vez que juegan juntos,
sus corazones laten al mismo tiempo.
No hace falta explicarlo,
basta estar en 𝑠𝑖𝑛𝑐𝑟𝑜𝑛𝑖́𝑎