Hay oportunidades que solo llegan una vez en la vida, yo lo tengo muy claro, hay personas que solo llegan a tu vida para quedarse un instante, algunos se sientan y toman asiento porque van a quedarse un rato, otras llegan con maleta para estancia rápida, pero sin importar cuanto tiempo van a quedarse, solo pasan una vez en la vida.
Esta es la confesión: mis amigos empezaron a llamarme Atlas, después del Polaco o del Inglés, ya no lo recuerdo muy bien, los últimos diez años de mi vida he vivido en las nubes, y he tomado casi cien vuelos por año, sin exagerar, pero esa no es la razón, los últimos años he decidido darle la oportunidad a amores fugaces de llegar y quedarse lo que deban, para enseñarme. ¿Riqueza cultural? ¿Agregar más sellos al pasaporte? ¿Atlas?
Conocer el mundo me ha permitido estar en el momento indicado en el lugar indicado, muchos de esos lugares llenos de magia, muchas veces no los había nunca imaginado, desde una banca en pleno parque de graffitis de Miami, hasta el amanecer desde una playa de Rio de Janeiro, un cafe al lado de los canales de Amsterdam o una silla de avión en un vuelo de diez horas. Muchas de estas historias, con ganas de ser contadas y condensadas en algún lado, son una celebración del amor desde la libertad, y por supuesto, una visión a la vida consciente de que hay oportunidades que solo pasan una vez.
Atlas, o lo que me ha enseñado tener la cabeza en las nubes.
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