No nací siendo fuerte.
Me hice fuerte.
Mi historia comenzó entre silencios que dolían y sueños que parecían demasiado grandes para mis manos pequeñas. Hubo noches en las que el miedo susurraba más alto que mi fe, y días en los que sonreía mientras por dentro aprendía a sobrevivir.
Pero entendí algo: nadie puede escribir mi destino por mí.
Cada herida fue un maestro.
Cada traición, una revelación.
Cada caída, una preparación para volar más alto.
Aprendí a amarme cuando nadie más sabía cómo hacerlo. Aprendí a abrazar mis cicatrices, porque no son marcas de debilidad, son pruebas de que resistí. Me rompí… sí. Pero también me reconstruí con una versión más valiente, más consciente y más poderosa de mí.
En el amor aprendí que no se trata de perderse en alguien, sino de encontrarse primero. Que el corazón no es frágil cuando sabe su valor. Que merezco un amor que sume, que inspire, que respete mi esencia y celebre mi luz.
Hoy camino diferente.
No porque la vida sea más fácil,
sino porque yo soy más fuerte.
Ya no pido permiso para brillar.
Ya no me disculpo por ser intensa, soñadora, apasionada.
Ya no me conformo con menos de lo que sé que merezco.
Mi propia historia está escrita con lágrimas convertidas en tinta dorada, con batallas transformadas en sabiduría, con cicatrices que ahora parecen alas.
No soy lo que me pasó.
Soy lo que decidí ser después de todo lo que pasó.
Y esta historia no es de supervivencia.
Es de transformación.
Es de amor propio.
Es de poder.
Y apenas estoy comenzando el capítulo más hermoso de todos:El de vivir siendo completamente yo. 💜✨
All Rights Reserved