Hay domingos que no se olvidan. Domingos que duelen, que parten, que dejan marcas invisibles. María creció aprendiendo a sobrevivir entre ausencias, silencios y promesas rotas. De niña buscaba refugio en cualquier rincón donde pudiera sentirse a salvo; de adulta, tuvo que aprender a sostenerse sola, incluso cuando el corazón le pesaba más que el cuerpo. Entre amores que lastiman, despedidas sin explicación y la fuerza inquebrantable de ser madre, este es el relato de una mujer que eligió seguir, aunque todo parecía empujarla al abismo. "Porque a veces, la mayor victoria es seguir de pie cuando nadie cree que puedas hacerlo."
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