Cuando aceptó a Luffy en su hogar, nunca se imaginó que ese rayito de sol se apropiaría de todo lo que consideraba suyo: su sala, su cocina, su cama... ¡¿su corazón también?!
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Una historia mayormente narrada por el pobre Law, quien tiene que soportar al nuevo intruso en su hogar. Pero al final del día, tener a Luffy como compañero de casa no es tan malo. Quizás, aprenda a compartir su espacio más de lo que se hubiera esperado.
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