El rey Viserys I ha muerto, y tras su deceso ha dejado un reino fragmentado y al borde de una rebelión dentro de la misma casa Targaryen, la casa gobernante de Poniente y los Siete Reinos.
Antes de que el cuerpo siquiera se enfríe, la reina consorte Alicent empieza a mover ficha con rapidez con ayuda de su padre, pero el reino no está dispuesto a permitir que el reclamo de Rhaenyra quede en el olvido, la princesa se levanta, y reclama lo que es suyo, aquello que le fue prometido, el Trono de Hierro. Sin embargo, su mayor enemigo ahora no es el reino, ni su pueblo. Es su familia.
La casa Targaryen, antes una casa poderosa y unida, ahora pende de un hilo ante tantos príncipes y princesas, el número de dragones aumenta, llegando a su máximo esplendor desde la Antigua Valyria, los lobos se masacran al norte, a su lado, los krakens ahogando a los inocentes, los leones saqueando las riquezas de los muertos, al occidente, el venado eleva sus astas, y las clava en el horizonte, los halcones pululando ante los cadáveres al oriente, las truchas ahogando a los débiles en el centro, la flor, enrosca sus raíces entre la sangre, en el suroccidente, y el sol atravesado por una lanza, sangrante, ilumina las tierras del sur, abrazando las arenas doradas.
¿La Dinastía Targaryen podrá sobrevivir a la guerra que se acerca o, como Valyria antes que ellos, sucumbirán junto a los dragones en el ocaso? ¿O el reino sobrevivirá con fuego y sangre?
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