Este poemario no es literatura; es una puta autopsia a corazón abierto. Estamos ante el parte médico de una sociedad terminal a la que, sinceramente, ya no le sirven de nada los cuidados paliativos. No hay dosis de morfina en el mundo que pueda tapar el dolor y el hedor de esta decadencia, así que he decidido meter las manos en la herida, sin guantes, y enseñar la podredumbre tal y como es.
Hasta ahora, este monstruo de papel es un manifiesto en toda regla contra la doble moral. Hemos destripado el matadero que los de arriba llaman "deber militar", donde la clase obrera es triturada a cambio de medallas de latón. Hemos escupido sobre la esquizofrenia de quienes romantizan el abuso tóxico en la oscuridad de su cuarto mientras exigen responsabilidad afectiva y príncipes azules en su escaparate de Instagram. Hemos crucificado a los parásitos que profanan obras ajenas con sus fanfictions absurdos y a los "ofendiditos" de cristal que exigen censura cuando la realidad les ofende. Y por supuesto, le hemos dado una patada en la boca a los mendigos de la autopublicación que trafican con la pena para vender su mediocridad.
¿Qué será en el futuro? Más asfalto, más sangre y más bilis. Seguiré tirando sin piedad de las cuerdas fundamentales de este universo nuestro, haciéndolas vibrar hasta que la realidad se agriete, para sacar a la luz a todos los farsantes, a los estafadores emocionales y a los mercenarios de la moralina barata.
Será un inventario completo de nuestras miserias urbanas. No es un libro diseñado para darte respuestas, ni mucho menos consuelo. Es el espejo roto del baño de un antro a las cinco de la mañana: te miras en él y te das cuenta de que todos estamos igual de jodidos. Cero concesiones. Cero disculpas. Pura trinchera.
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