Cuando el tren llegó, el sonido metálico le vibró en el pecho.
Subió sin mirar atrás. Encontró un asiento apartado, junto a la ventana. Apoyó la cabeza contra el vidrio helado y cerró los ojos cuando el tren comenzó a moverse. Y era oficial, se estaba yendo.
Observó las luces de la ciudad hacerse pequeñas, como si su antigua vida se redujera a puntos insignificantes en la distancia.
"Tal vez nunca fui parte de eso."
El traqueteo constante la envolvía en un ritmo hipnótico.
Hasta que una sombra se detuvo frente a ella.
-Hola... ¿Está libre?
Kath levantó la mirada.
Un joven de cabello oscuro la observaba con una expresión tranquila, casi amable. Sus ojos no tenían curiosidad invasiva. Solo una pregunta sencilla.
Por un segundo dudó, no quería hablar con nadie, pero tampoco quería volver a quedarse sola con sus pensamientos.
-Sí... -respondió en voz baja.
El chico tomó asiento frente a ella. El tren avanzaba hacia un destino desconocido. Y, por primera vez en horas, el vacío dentro de Kath se movió. No sabía si era miedo o el inicio de algo que cambiaría todo.
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